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MANAGEMENT
La cadena de errores que puede derrumbar una empresa
Existen reglas que sostienen el andamiaje total de una empresa. Sumar dos o más errores claves puede generar una sinergia negativa que hunda el negocio. Los expertos y sus claves para no fallar.
Toda compañía enfrenta el mercado en un
contexto, que evoluciona y se modifica constantemente. Este no puede
cambiarse; sólo es posible manejar sus variables para lograr
el éxito. Un equipo de trabajo necesita estar atento a todo
lo que pasa, tanto dentro como fuera de su negocio. Sin embargo,
los consultores en organización y los expertos en dirección
advierten que el mayor desafío no es solucionar los problemas,
sino advertirlos, y a tiempo. Este listado es una herramienta orientativa
y correctiva, un oportunidad previa para directivos o empresarios
de mente abierta que tengan la intención de bucear dentro
de su organización, identificar algunos de los posibles errores
y corregirlos antes de que sea demasiado tarde.
- Modelo de gestión arcaico. Las empresas
están incorporando nuevos conceptos de gestión:
modernas tecnologías e Internet, gestión de recursos
humanos y del conocimiento, globalización, mayor poder
en el cliente, gestión de la innovación y empowerment,
entre otros. Estos elementos, que se van integrando en la gestión
empresarial, obligan al modelo de negocio tradicional a evolucionar
hacia nuevos conceptos y herramientas, para así mejorar
la competitividad y los resultados. El enfoque al cliente y la
innovación están pasando de ser recomendables a
indispensables. Estos elementos tienen que ser compartidos por
toda la organización, e introducidos en la cultura empresarial.
Como señala el consultor especializado en alta dirección,
Peter Drucker: "Mi consejo es sencillo; si tiene que cambiar,
no cambie de cultura, cambie simplemente los hábitos".
- Planeamiento inadecuado o nulo. Sobre todo
en las PyMEs, esto es considerado como un pecado capital del management.
En realidad, toda empresa debería guiar sus acciones por
un plan de negocios y un plan estratégico, pero con el
primero solo no alcanza. Muy por el contrario, el segundo suele
incluir el primero y le otorga sustentabilidad y objetivos claros
a toda la operación. No hace falta manejar proyectos complejos:
simplemente hay que fijarse metas concretas -con vencimientos
y mensurables-, que sean lo suficientemente ambiciosas para lograr
ser vistas como motivadoras y desafiantes, pero no tan grandes
como para percibirse como imposibles de antemano.
- Marketing descuidado o inefectivo. Partiendo
de la base que una empresa ofrece un producto o servicio competitivo
y útil, sólo tiene dos maneras genéricas
de ganar dinero: incrementando las ventas o controlando los costos
y los gastos. Si el empresario no tiene tiempo, ganas o experiencia
para hacer un buen marketing de su producto (servicio, empresa,
o de su propia persona), es mejor que contrate a alguien experimentado
que lo haga por él.
- No incluir a todos los stakeholders. El derecho
del management a dirigir y administrar no puede sostenerse sólo
con los supuestos de competencia, la maximización de los
recursos y las teorías de los juegos. Como advierten Peter
Davis y John Donaldson, "la función del management
es sobre todo asegurar la cooperación de todos los que
contribuyen de una u otra manera al proceso de creación
de riqueza, y asegurar que los valores que se crean sean pertinentes
para los accionistas, los empleados, los directivos, los proveedores,
los clientes y la comunidad. ‘Lograr que se haga el trabajo’,
‘servir a los objetivos de la organización dentro
de la disciplina del mercado’, y otras formulaciones por
el estilo pueden ser cortinas de humo para absolver al management
y a las organizaciones de toda responsabilidad por sus acciones”.
- Dificultades en la forma de negociar. No existe
una negociación igual a otra, aunque pueden agruparse por
el tipo de situación, en forma competitiva, colaborativa,
acomodativa o a través del compromiso, según el
sistema de negociación situacional de Franc Ponti, experto
en pensamiento creativo aplicado a las organizaciones. Sin embargo,
en muchas oportunidades los empresarios y ejecutivos no aciertan
con el estilo utilizado para lograr acuerdos, o bien desconocen
que existen circunstancias en las que es mejor no negociar. Además,
hay que tener presente que negociar no es obtener un acuerdo beneficioso
para uno, sino realizar un intercambio en una estrategia conjunta
de ganar/ganar.
- Falta de capacitación. No importa en
absoluto si el manager o el emprendedor es un genio en el core
business de su negocio; eso no es suficiente para que la empresa
tenga éxito. Lo cierto es que una cualidad común
de quienes emprenden un negocio con buenos resultados es su expertise
o condiciones en múltiples tareas u ocupaciones pertenecientes
a las diversas áreas dentro de la compañía.
Como señalan los entendidos, lo ideal es capacitarse y
capacitar al personal. Buscar que los pocos o muchos (empleados
y socios que tiene o tenga), complementen sus propias capacidades,
es decir que todos deben ser ‘hombres o mujeres orquesta’.
- Desorganización y ‘cortocircuitos’.
El factor organización es básico, aunque
a veces es muy complejo, ya que los resultados no son siempre
los esperados. No se tiene en cuenta que los objetivos van ligados
a unos segundos propósitos: los intereses propios son antepuestos
a los de la propia empresa. En ese punto es cuando empiezan a
aparecer ‘cortocircuitos’, malentendidos, disfunciones,
mal entorno de trabajo, estrés por realizar lo esperado
de la mejor manera y en el menor tiempo posible. Establecer un
equilibrio entre las necesidades de la compañía
y, al mismo tiempo, satisfacer las necesidades de sus trabajadores,
es una tarea muy difícil, pero ineludible.
- Inacción y poca iniciativa. En relación
al apartado anterior, establecer prioridades significa organizar
y llevar a cabo las tareas más importantes en primer término.
Esta idea se puede resumir en pocas palabras: poner en ejecución
un plan de tareas en orden de importancia. Cuando no se sigue
este camino, tarde o temprano se pierde el foco y sobreviene la
inacción. En la actualidad se usa mucho el calificativo
de proactivo, tanto en management como en otras actividades de
trabajo en equipo, en contraposición a aquellos dirigentes
o conductores que no toman la iniciativa, ni dirigen o conducen
a su gente. "Ser proactivos es algo más que tomar
la iniciativa. Es reconocer que somos responsables de nuestras
elecciones y que tenemos la libertad de elegir basándonos
en principios y valores, y no en estados de ánimo y condiciones",
sugiere Stephen R. Covey.
- Deslealtad hacia el equipo. Cuando un líder
no es leal con su equipo de trabajo y con la organización,
es decir con aquellos que están por encima de él
y con los subordinados, no puede mantener su liderazgo en el tiempo
y se vuelve simplemente un jefe. El manager es quien conoce a
su gente más que a nadie, exige a cada uno según
sus puntos fuertes y de esa manera logra un equipo ganador. Asimismo,
el dirigente con liderazgo confía en su gente, le da libertad
para crear y pensar, y además delega tareas y responsabilidades.
10Desdeñar a la competencia. Los clientes van donde obtienen
los mejores productos, servicios y precios; y con mayor comodidad
y facilidades de pago, aun cuando esto implique romper relaciones
comerciales de muchos años. Como solución a la deslealtad
de los clientes para con la propia empresa, los consultores señalan
que es imprescindible hacer un monitoreo constante de lo que hace
la competencia (benchmarking), y no dudar un instante en ‘tomar
prestadas’ sus buenas prácticas e ideas. Más
aún, una clave del éxito sería que cada semana
el líder de un equipo o el emprendedor de un negocio le
dedique un tiempo a idear nuevos métodos, procedimientos,
productos o servicios para la empresa.
- Recelar a sus subordinados. El líder
que le teme a la competencia de su gente, es decir que uno de
sus seguidores pueda ocupar su puesto, está prácticamente
condenado a ver cumplidas sus expectativas en el corto o largo
plazo. Por el contrario, el líder capaz entrena a suplentes
en quienes puede delegar, a voluntad, cualquiera de los detalles
de su posición. Sólo de ese modo un líder
puede multiplicarse y prepararse para estar en varios lugares,
y prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo. A través
del expertise y de su propio magnetismo, el líder eficiente
puede aumentar en una medida superlativa la eficacia de su grupo
de trabajo, e inducirlos a rendir más y mejores servicios
que los que rendirían sin su apoyo.
- Provocar rencor en el equipo. Relacionado con
el punto anterior, se encuentra el egoísmo, cuando el líder
reclama todo el honor por el trabajo de sus seguidores. Con esta
actitud,está condenado a generar resentimientos. El verdadero
líder no exige honor alguno. Le alegra ver que los honores,
cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que la mayoría
del personal trabajará con más entusiasmo por recomendaciones,
reconocimientos y sugerencias, más que solamente por una
buena paga.
- Mostrarse como sabelotodo. En ciertas áreas
laborales, enarbolar el título universitario o el curriculum
de estudios o laboral, es un error muy común. El líder
eficiente enseña mediante el estímulo y no intenta
amedrentar a sus seguidores. El hombre que insiste demasiado en
su título, por regla general no tiene mucho más
en qué apoyarse. Además, muchos gerentes no toman
en cuenta que las compañías no pagan a los managers
por lo que saben; en realidad les pagan por lo que hacen con aquello
que saben o por lo que impulsan a hacer a otros.
- Impresionar con autoritarismo. El líder
eficiente enseña mediante el estímulo y no intenta
atemorizar a sus seguidores. Si un líder lo es de verdad,
no necesitará anunciarlo, a no ser con su conducta (simpatía,
comprensión y sentido de justicia), y demostrando que conoce
su trabajo. Cuanto menos se note el accionar de alguien, tanto
mejor; si un jefe, dirigente, gerente, presidente, se hace notar
cuando está mandando, algo en la organización no
está funcionando adecuadamente. Relacionado con este concepto
conviene recordar una máxima de Stephen R. Covey: "Procure
primero comprender y después ser comprendido". Este
gurú en temas de liderazgo señala que "cuando
escuchamos con la intención de comprender a los demás,
y no con la intención de responder, iniciamos la construcción
de una comunicación y una relación auténticas.
Entonces, las oportunidades de hablar con franqueza y ser comprendido
surgen con mayor naturalidad y facilidad".
- No aprovechar las diferencias. "La sinergia
es la tercera alternativa: ni mi manera ni tu manera, sino una
tercera manera, que sea mejor de lo que propondríamos individualmente
cualquiera de nosotros. Es el fruto de respetar, valorar e, incluso
celebrar las diferencias mutuas", aconseja Covey. Un team
sinérgico es un equipo complementario, donde el grupo se
organiza de tal manera que los puntos fuertes de unos compensan
las debilidades de los otros. Akio Morita, fundador de Sony y
autor de la autobiografía Made in Japan, siempre instaba
a sus directores a no formar a los nuevos empleados para que encajen
en el molde, sino a estudiarlos, averiguar cuáles eran
sus puntos fuertes y hacer el mejor uso de sus habilidades. "Un
director eficaz tiene que combinar a los empleados del mejor modo
posible, igual que un maestro albañil que construye una
pared. A veces, las piedras son redondas, otras, cuadradas...
hay que averiguar cómo ensamblarlas...", comentaba
Morita.
- Estilo de gestión duro y descortés. Se
sabe que los seguidores no respetan a un líder intemperante,
con rasgos de desenfreno y rudeza. Con veinte años en la
consultoría y asesoramiento de empresas como NCR, AT&T
y 3M, J. Davidson Frame explica el tema de ser duro versus ser
blando en el trato con la gente basado en su experiencia personal:
"Un jefe de proyecto de gran éxito me dijo una vez
que una de las claves de su buen rendimiento era su capacidad
de blandir un ‘ladrillo forrado en terciopelo’. Un
buen ejemplo de esto es poder rechazar un pedido de alguien, de
modo tal que ese alguien se sienta bien en relación al
rechazo", ejemplifica el experto en dirección de proyectos.
- Ignorar las necesidades de los clientes. El
denominado customer service (servicio de atención al cliente),
debe ser un aspecto clave de toda empresa. Si el empresario o
el responsable dentro de la compañía no se preocupa
por sus clientes, muy probablemente ellos encontrarán a
alguien que si lo haga. Philip Kotler, el gran gurú del
marketing, señala que hay empresas que no entienden del
todo a sus clientes potenciales. "Si ya hace tres años
que realizó su último estudio de clientes, si los
consumidores no están comprando su producto en la cantidad
esperada –mientras que los de la competencia se venden mejor–,
o si se reciben muchas quejas y devoluciones de los clientes,
no lo dude: estos son tres signos inequívocos de que su
empresa no entiende del todo a sus clientes-objetivo", señala
Kotler, autor entre otros del libro Los 10 pecados capitales del
marketing.
- No prestarle atención a lo micro. Un
liderazgo eficiente requiere capacidad para organizar y controlar
los detalles. Cuando un dirigente de equipos de trabajo admite
que está muy ocupado para cambiar de planes, o para prestar
atención a una emergencia, está admitiendo su incompetencia.
El líder de éxito será quien controle todos
los detalles relacionados con su posición, pero además
debe adquirir el hábito de relegar los pormenores a sus
asistentes más capaces. Como dice el especialista en dirección
J. Davidson Frame –autor de La nueva dirección de
proyectos–, "los jefes deben equilibrar constantemente
la mirada del cuadro general versus prestar atención a
los detalles". Usando en forma invertida la conocida frase,
se puede decir que los líderes no sólo deben ver
el bosque, sino también cada uno de los árboles.
- Desconfianza en la tecnología. El uso
de los sistemas de información de última generación
y las tecnologías de punta ha crecido exponencialmente
en los últimos años, y la mayoría de las
empresas de toda escala los utilizan. Sin embargo, la postura
actual frente a la Internet, el e-commerce y el B2B, los dispositivos
móviles, es en muchos casos de expectación y de
cierta desconfianza. En ese sentido, estos nuevos conceptos no
deben ser vistos como elementos tecnológicos, sino como
importantes oportunidades para mejorar los resultados. La tecnología
siempre ha de ser vista como una herramienta para optimizar negocios
y no como un fin en sí misma. Obviamente, la dependencia
a ultranza de la tecnología también es un grave
error en muchos casos.
- Carencia de un plan anticrisis. Las empresas
que no tienen una estrategia clara y su correspondiente plan de
acción -con un balance adecuado entre el corto y el largo
plazo-, no van para ningún lado. Es decir, no pueden enfrentar
una crisis, y mucho menos superarla. El plan estratégico
debe definir el camino, objetivos y plazos para superar un conflicto
o una suma de dificultades endógenas y externas. El plan
es crítico en los momentos complicados ya que, unido a
la comunicación interna, es la única manera de conseguir
mantener la calma, tener un equipo unido y preparar la organización
para el próximo ciclo positivo.
Como aseguran los expertos, siempre se puede mejorar la empresa
en pos de tener una organización más eficiente,
eficaz, rentable e innovadora. Para un emprendedor, es evidente
que cuanto más preparado esté antes de montar la
empresa, mejor. Y para las empresas en funcionamiento, cuanto
antes se detecten los problemas de toda índole, más
cerca se estará de solucionarlos y obtener resultados positivos.
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