Negocios Nacionales
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DE LA CONSTRUCCIÓN AL ENTERTAINMENT
La fórmula de Alan Faena para crecer y expandirse.
En Puerto Madero, donde es el mayor dueño de los metros construidos,
va a invertir u$s 200 millones con los que piensa, entre otras cosas,afianzar su rol
de mecenas. Está reuniendo una cifra similar para exportar su modelo de
negocio –un barrio con alta tecnología y propuesta cultural– a Londres y Madrid.
Las nuevas oportunidades y la rentabilidad de su inversión.
No cualquiera deja que le apaguen los cigarrillos contra
su integridad. Alan Faena, en cambio, le pone la inicial de su nombre
devenida logo a las paredes, a las puertas y a los ceniceros de
su hotel. En el mundo que creó está en todas partes.
Pero no le alcanza y ahora extiende su omnipresencia: después
de haber multiplicado por tres el valor de los terrenos que eligió
para invertir hace tres años, después de haber logrado
que su hotel tenga status de punto de referencia geográfico
en la zona, el mayor constructor individual de Puerto Madero –tiene
el 10% de los metros edificados– invertirá u$s 200
millones en el barrio para desarrollar su perfil de emprendedor
cultural.
Las revistas internacionales de diseño elogian hasta la vista
que se observa de Buenos Aires desde la bañera de un cuarto
determinado. Modernismo puro. Pero él cimentó su imperio
con la vieja receta de los abuelos: apostar a los ladrillos. Y a
esa tribuna que lo miraba con desconfianza y hasta desprecio, hoy
le grita los goles sin abandonar su habitual tono zen. Faena parece
desconocer esa premisa de no bajarse de un éxito. Su nueva
fórmula es seguir haciendo negocios, pero ahora también
a través de la cultura.
"2005 fue un año extraordinario. De concreciones. Puedo
abrazarme con la gente a la cual yo antes le contaba una historia
y mostrarle una realidad. Desde el comienzo dije que no estaba haciendo
un hotel, que no estaba haciendo departamentos. 2005 fue el año
en el que la gente pudo entender ese mensaje", esgrime como
al descuido.
Este año será igual, y a la vez distinto. Faena espera
continuar erigiendo su Art District, su aldea tecnológica
dentro del barrio más nuevo de Buenos Aires, y paralelamente
reconstruirse a sí mismo como mecenas. Después, el
ex gestor de la marca de ropa Via Vai que exhibe en su casa retratos
de San Martín y Evita porque admira sus personalidades, tiene
programados "unos buenos años sabáticos"
y luego otra reencarnación. Una más.
Oportuno. "En la Argentina siempre ponemos nuestras frustraciones
y nuestros éxitos en función del país. Nosotros
no estamos acá de casualidad: estuvimos en la crisis, cuando
muchos empresarios sentían que esto se hundía y sacaban
sus inversiones. En ese momento, yo convencía en Nueva York
a mis socios ultrapoderosos de que había que aprovechar esta
oportunidad. Y lo hicimos: compramos y construimos a un precio increíble",
saborea.
La conjunción de factores –haber apostado a un barrio
que recién nacía, haberse expandido en momentos en
que los demás se retraían, haber elegido el diseño
como diferencial– le permitió en tres años triplicar
lo invertido. "Hoy estas tierras valen tres veces más
de lo que las pagamos. El que nos compró un departamento
hace un año y medio ahora puede venderlo un 40% más
caro. Es un rendimiento increíble. Inédito en el mundo.
Cuando uno tiene un buen proyecto, ¿cuán mal le puede
ir?".
Faena afirma que cada vez son más los extranjeros que compran
sus departamentos, porque "piensan que los valores son un chiste",
aunque aclara que jamás promete rentabilidad alguna. "No
juego con eso", dice. Pero, en un rol que mezcla el poco inocente
afán de un gerente de ventas y la visión de un gurú
financiero, pronostica que la brecha que mantiene Buenos Aires con
respecto a otras ciudades se va a acortar. "El metro cuadrado
va a subir en la ciudad y, en comparación, ya no van a ser
tan caros nuestros precios. Ahora estamos ofreciendo los departamentos
a u$s 3.400 el metro cuadrado, y ya tenemos el 70% vendido. No es
una locura pensar que la nueva base será la de u$s 4.500
el metro. Las oportunidades hoy pasan por lo ladrillos, y por eso
pusimos como símbolo uno gigante en uno de nuestros predios".
Entertaiment. Hasta ahora, produjo tres shows –uno de los
cuales, ‘El rebenque’, ganó el premio ACE en
Teatro– pero cree que está para mucho más. Con
los u$s 200 millones de capital genuino que aportaron sus socios
Len Blavatnik , Austin Hearst y Christopher y Robert Burch piensa
montar tres centros culturales ("No queremos hablar de museos
porque nos interesa el movimiento"), uno de los cuales "va
a ser más grande que el British Museum".
"Estamos recién en el 40% de lo que queremos mostrarle
a la ciudad, y todavía falta el 60% más interesante",
anticipa. Su plan cultural comprende programación para el
hotel, para el Art District, para Puerto Madero y para Buenos Aires
en general: "No somos desarrolladores inmobiliarios. Queremos
ofrecer una experiencia entremezclada con la cultura. No importa
si hacés un show, un hotel, un edificio, un barrio. Lo importante
es la ‘impecabilidad’ con la que uno lo realiza, y producir
en el otro la emoción".
La idea más inmediata es montar en marzo un festival shakesperiano
al aire libre, inspirado en el del Central Park de Nueva York, y
luego concretar no menos de tres shows masivos en la ciudad. Además,
quiere editar libros, compactos, DVDs y producir obras de teatro,
a partir de los artistas que se vinculen con el Laboratorio Artístico
Experimental (LEA), que formará parte del Art District. "Vamos
a fomentar el arte con becas y a comercializarlo en forma masiva",
promete.
Faena cree que la cultura pasa por la vida cotidiana. "El proyecto
que estamos haciendo es cultura para el que maneja un taxi y no
quiere perder tiempo yendo a un teatro en el centro. Estamos haciendo
este barrio como se hacían a fines del siglo XIX las grandes
exposiciones internacionales, con curadores que marcaban determinado
momento histórico. Tenemos el Art District en uno de los
lugares que hoy está entre los más interesantes de
Buenos Aires y que contenían dos edificios que representaban
lo que fue la Argentina potencia, El Porteño y El Molino,
dos silos desde donde salían los granos que le daban de comer
al mundo. Le volvimos a dar vida a la vida".
No descarta la construcción de un supermercado subterráneo
("pero tiene que ser de lujo, para que la gente del barrio
tenga un buen lugar donde comprar") y confirma además
que en abril próximo, todo el Art District será WI-FI,
a partir de la alianza que estableció con Intel, Telmex y
Philips.
Sus dotes de genio del marketing son indudables. "Le dio un
perfil muy atractivo a sus proyectos residenciales, que ya tienen
todo un estilo. La Porteña y el Porteño están
resultando un éxito de ventas, al igual que Los Molinos.
Sin amplias vistas al río ni a la ciudad, Faena logra precios
similares por metro cuadrado que los desarrollos en torre y en primera
fila, con vistas a Uruguay", reconoce Damián Tabakman,
consultor en negocios inmobiliarios, arquitecto y profesor de la
Universidad de San Andrés. "En Puerto Madero, el barrio
donde proporcionalmente más extranjeros compran en Buenos
Aire por su gran prestigio y calidad arquitectónica y urbanística,
se pueden construir 1.400.000 metros cuadrados, de los cuales la
mitad está terminada o en obra. Faena apunta a tener aproximadamente
un 10% de ese total", agrega.
Sin embargo, pese a tanta estrategia, Faena explica sus ideas con
retórica imprecisa. "Es un abanico que hace que la idea
sea un todo"; "La verdadera riqueza es transformar la
vida en función de las ideas", son ejemplos de su discurso.
Pero hace foco cuando quiere definirse. "No me siento empresario.
Me siento administrador de mis sueños y de mi pasión.
Y soy muy bueno para eso. Quizás si me ponés a administrar
un banco soy un desastre. Tengo la cultura de hacerme en la calle.
Después tuve la suerte de hacer lo que sale de mi corazón
y eso fue un blessing (bendición) en la vida. Lo importante
es el mundo de las ideas, y yo represento a ese mundo. Soy la construcción
de mí mismo".
Orgullo. Su receta para los negocios es "pensar como un outsider
pero actuar como un insider". Jura que lo fueron a ver representantes
de las compañías hoteleras más grandes del
mundo interesados en comprar su hotel, o administrarlo como segunda
opción. "Dije no: hagamos una empresa argentina de servicios
de primer nivel, que represente a nuestra generación. Y estamos
compitiendo con el resto de los cinco estrellas que tienen cien
años de trayectoria, cobramos todavía más caro
que ellos y estamos igual de llenos".
Habla y ni las cintas del sombrero se le mueven. Apenas agita su
mano dominada por un anillo con una piedra gigante y celeste. "También
es un orgullo no haber transado –sigue– y no haber dejado
por el camino las ideas que tuve al comienzo. Yo no sé trabajar:
hago lo que hace cualquier artista que vive de lo que le gusta y
de lo que le nace".
Hoy, a Faena le nacen los billetes de los bolsillos. Solos, por
generación espontánea. Al menos eso es lo que dice.
"No me cuesta nada conseguir dinero. El proyecto siempre fue
muy sólido. Nadie es tonto. Sabía que Buenos Aires
tenía todo el potencial como para que viniera la gente del
mundo a sorprenderse, y tenía las herramientas y los contactos
para generar ese lugar desde un espacio –define– que
era Machu Pichu, tierra de nadie".
Es enérgico para negarse a sentar donde el fotógrafo
le sugiere. "Ahí no. Acá mantengo más
la energía". Pero cuando se le pregunta por las investigaciones
encaradas por la AFIP a partir de su sociedad Blavatnik, Hearst
y los Burch vuelve al medio tono: "La gente ante lo nuevo siempre
duda. Me encanta que tres de mis socios estén entre las 120
personas más ricas del planeta. Tuvimos todas las inspecciones
imaginables de la AFIP y del gobierno y chequearon giro por giro
el dinero que llegó. A mí me parece bien. Es más:
yo mismo reviso los antecedentes de todo y de todos. Imaginate que
va mi nombre en esto".
Out of the box. Del resto del establishment lo separa mucho más
que un saco y una corbata ausentes. "Hay una convicción
general acerca de que para que te presten dinero tenías que
tener cierta actitud, vestirte de tal manera, participar de tal
congreso, cosas que no tienen que ver conmigo. Tampoco creo que
sea el único empresario argentino que va por sus sueños.
Pero creo en lo que los norteamericanos llaman out of the box: para
tener éxito no hay por qué ser convencional".
Faena lamenta que no exista en el país apoyo financiero a
los proyectos nuevos. Recuerda haber tenido un crédito después
de buscarlo durante tres años, y que cuando se lo otorgaron
"a los del banco les dio un panic attack porque se venía
la crisis". Les dijo gracias y les pidió que se lleven
los billetes de nuevo al tesoro de la sucursal. "Por eso sufrieron
tantos bancos: prestaban sólo a los que pensaban que nunca
les iba a pasar nada, y fueron los primeros en caer. Nosotros –diferencia–
no le debemos un peso a nadie".
"Mi principal herramienta es el instinto. Soy puro sentimiento,
con una gran racionalidad. Soy un sentimiento práctico. Si
hay algo con lo que no me siento cómodo, no lo hago. Conseguí
las inversiones con la creencia, que sale del mismo lugar que el
instinto: del estómago. La convicción es mi mayor
potencial. Es la que me ayuda a que la gente crea en mí".
Tanto creen que está reuniendo otros u$s 200 millones para
expandir sus negocios en Europa (ver recuadro).
Dice que aprendió de sus diálogos con los ultrapoderosos
financistas. Aprendió que detrás de las grandes compañías
"hay una persona con una idea. Después se arman las
corporaciones". La suya, dice, no es lo que parece. "Es
una sinfonía. Empece esto tocando los tambores solo y poco
a poco fui encontrando el elixir de la música cuando se sumaba
alguien con la guitarra, el violín, el piano. Nunca reví
nada. Al contrario. Lo que hice fue sumar. A medida que el sueño
crece podés pagar talento, desde obreros hasta intelectuales
famosos".
Parado sobre botas de cuero de reptil confiesa su deseo de juventud
eterna. Pero enseguida desmiente que sus preocupaciones sean sólo
estéticas, y advierte que le inquietan la inflación
y el desempleo. "Nos ocupamos de conectar con la gente indicada
a cada turista que llega a nuestra casa. Haga lo que haga le damos
una visión curadora de la ciudad, y no solamente un cuarto.
Eso es bueno para el cliente y también para Buenos Aires,
porque damos trabajo".
Pero casi sin respirar retoma su discurso preferido. Ese que le
permite hablar de sus atributos como fundador de un lugar que represente
un momento. "Es mi responsabilidad. Hay que pensar en el beneficio
de los inversores y también en el de la ciudad, porque de
lo contrario hacés algo que no dice nada". Por eso,
insiste, le rechazó siete proyectos al mundialmente reconocido
diseñador Philippe Starck. "¿Qué tenían
de malo? Que eran él, que era él sin nosotros. Yo
quería el reconocimiento a nuestra obra. Y con (el arquitecto
Norman) Foster nos pasa igual. Estamos trabajando en un proyecto
que va a ser para Buenos Aires lo que representó el Museo
Guggenheim para Bilbao. Va a ser una gran sorpresa para el mundo".
Para Faena, pintar su propia aldea es apenas el comienzo.