Alberto Ferraro
"El país invierte menos en investigación que Monsanto"
El director del INTI habla del papel de la tecnología en el desarrollo económico argentino. Señala en qué campos se producirán las mayores innovaciones y en qué sectores debería enfocarse la Argentina para ser realmente competitiva.
Con un modelo agroexportador, a principios del siglo XX
la Argentina era una de las potencias mundiales. Hoy, el país
perdió ese lugar en una economía mundial en la que
la agricultura representa sólo el 4% y las dos terceras partes
son servicios, entendidos como tecnologías y conocimientos.
"La generación de conocimientos diferencia hoy a los
países, a sus modos de producción de bienes y servicios
y a la calidad de vida de su gente. Tener o no tener conocimientos
traza una línea que ubica, de un lado, a los países
que los poseen y acceden mediante ellos al bienestar de sus habitantes
y al ejercicio pleno de sus derechos. Y del otro, a los países
que no logran o no pueden incorporar el conocimiento y se exponen
al estancamiento económico y a un futuro sin esperanzas",
dice el ingeniero Ricardo Ferraro, profesor del posgrado en Política
Tecnológica del Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la
UBA y miembro del directorio del INTI. En una charla con FORTUNA,
el autor del libro de divulgación Para qué sirve la
tecnología, de la colección "Claves para todos",
dirigida por José Nun, repasa el rol de la innovación
tecnológica en el crecimiento económico, sus obstáculos
y desafíos.
Fortuna: Las mayores innovaciones y el mayor número de patentes
vienen de países del norte. ¿La Argentina tiene que
resignarse a implementar lo que otros inventan y pagarles los derechos?
Ferraro: Ningún país del mundo puede ser líder
e innovador en todo. Todos los países son generadores de
ciertas tecnologías y transformadores de otras. Hay que elegir
tres o cuatro temas y en ellos el objetivo es ser primeros en el
mundo. Así hacen países muy razonables como Francia,
que eligió algunos sectores de la biotecnología para
destacarse. Irlanda es otro buen ejemplo, con su liderazgo en la
industria del software, e Israel con sus desarrollos en seguridad.
Son los número uno en algunos temas y desde ahí se
paran a negociar otros.
Fortuna: ¿Y en qué es líder la Argentina?
Ferraro: Tenemos desarrollos propios muy buenos en biología
molecular y biotecnología. En el sector agropecuario somos
líderes, sin duda. La siembra directa, a la que le debemos
buena parte del boom sojero, es prueba de ello.
También tenemos condiciones climáticas y de suelo
excepcionales, por ejemplo, para la producción de vinos como
el Malbec o para los alimentos orgánicos. Lo importante es
agregar valor. No es lo mismo vender lana sucia que lana procesada
o pullóveres con diseño. El problema es que el grueso
de las exportaciones argentinas son productos primarios o con poco
valor agregado. Vendemos al mundo principalmente soja y petróleo,
e importamos DVD´s y celulares. Pero también hacemos
satélites, que requieren una tecnología de enorme
precisión. Y los estamos exportando muy bien. Es el caso
de INVAP, una sociedad entre la Comisión Nacional de Energía
Atómica (CONEA) y la provincia de Río Negro. Este
es un ejemplo de una empresa estatal fuertemente competitiva.
Fortuna: ¿Puede la Argentina competir con países como
China o India, cuyo número de profesionales graduados en
ciencias duras y tecnología es ampliamente superior?
Ferraro: En primer lugar, la calidad y el valor de lo que se produce
no está en función de la cantidad de habitantes. Finlandia,
que tiene la misma población que la ciudad de Buenos Aires,
es el número uno en celulares, con Nokia a la cabeza, y también
en electrónica para maquinaria de procesamiento de maderas,
que es su actividad tradicional. Esto demuestra que se pueden hacer
productos de alta calidad y valor con poca gente. Pero esto exige
contar con una buena educación para todos, y no para una
élite; y un sistema de innovación orgánico
que incluya al Estado, las empresas y las universidades. Eso es
lo que tiene hoy Finlandia, que cuando cayó la cortina de
hierro, se dio cuenta de que su principal cliente era la ex Unión
Soviética. Entonces tuvo que reconvertir su economía,
pero primero recurrió a sus escuelas y universidades.
Fortuna: ¿En qué campos se producirán las mayores
innovaciones tecnológicas en un futuro cercano?
Ferraro: Los expertos coinciden en que la próxima ola de
crecimiento tecnológico estará relacionada con la
biotecnología, un campo que surgió una década
después que las tecnologías de la información.
Recordemos que la primera droga de origen biotecnológico
se creó en 1982. Se puede suponer entonces que a fines de
2010 las biotecnologías empezarán a reducir los costos
de los tratamientos médicos en lugar de aumentarlos. En ese
caso tendremos un enorme efecto –comparable al surgimiento
de Internet–, ya que la atención de salud representa
una porción de la economía mucho más grande
que la que tienen las tecnologías de información.
Otra gran posibilidad se vislumbra en el campo de las energías
alternativas o "limpias". El hidrógeno, los biocombustibles,
la energía solar, eólica o los nuevos diseños
de reactores atómicos darán un gran salto, sobre todo
si sigue aumentando el precio del petróleo. Pero si hablamos
de nuevas tecnologías, no tenemos que olvidarnos de la nanotecnología,
que, con su capacidad de crear nuevos materiales armando estructuras
átomo por átomo, transformará la atención
médica, la industria y la informática.
Fortuna: ¿Y quiénes serán los líderes
en estas nuevas tecnologías?
Ferraro: Hasta hace poco se pensaba en Japón. Pero hoy es
imposible soslayar la creciente participación de India, con
su liderazgo en software, diseño de chips y de drogas, y
China en ingeniería mecánica y de computadoras que
reconocen escritura y voz. Tampoco podemos olvidar a Taiwán
y Corea, dos de los países que más patentes obtienen
por año. Entre 4.000 y 5.000. Se está creando un nuevo
mapa del conocimiento. Por ejemplo, en Estados Unidos la innovación
se muda del Silicon Valley al sur de California, donde se combinan
las tecnologías de la información con la biotecnología
y la nanotecnología.
Fortuna: ¿Qué tiene que exportar la Argentina, tecnología
o productos primarios? ¿Soja o software?
Ferraro: Es una dicotomía falsa. Porque la soja también
tiene tecnología. Tecnología no es sinónimo
de informática, sino que es mucho más que eso. Hoy
el campo está totalmente tecnificado: la siembra directa
es una muestra de ello y también la modificación genética
que, comparada con los cruzamientos de semillas que se hacían
antes, representa un salto fundamental. Estos avances producen mayor
valor, aumentan la productividad y la competitividad. No discuto
a los que piensan que la Argentina tiene que dedicarse a exportar
granos. Pero eso no quiere decir dejar de poner valor agregado.
Aún productos primarios como los cereales y el cuero tienen
tecnología. Por ejemplo, estamos desarrollando cueros exóticos,
de lagarto y de peces, que andan muy bien. Hay una PyME del calzado
que desarrolló unos zapatos notables con cuero de pez. Este
es un ejemplo de transferencia tecnológica.
Fortuna: La creencia clásica es que la tecnología
desplaza a la mano de obra. ¿Cómo se hace para que
la tecnología no provoque desocupación?
Ferraro: La tecnología puede crear trabajo. Le doy un ejemplo
muy claro: en el INTI adaptamos un horno para hacer un secadero
de pastas que permitió a una familia no sólo autoabastecerse
sino armar un microemprendimiento y empezar a vender a los vecinos.
Tenemos un programa junto con ONGs y a través del Ministerio
de Desarrollo Social en el que capacitamos a la gente para el uso
de las tecnologías para armar emprendimientos productivos.
Fortuna: ¿Cuánto invierte la Argentina en tecnología?
Ferraro: No tengo la cifra exacta. Pero hay una realidad y es que
laboratorios de investigación de multinacionales como IBM
o 3M sacan más patentes por año que muchos países.
Monsanto, por caso, invierte más en investigación
y desarrollo que la Argentina, y sólo en temas agropecuarios,
varias veces más que el INTA.
Fortuna: ¿En qué sectores productivos o en qué
tecnologías tiene el país mejores perspectivas a futuro?
Ferraro: Desde la Secretaría de Industria se habían
definido en su momento diez sectores clave o foros de competitividad:
maquinaria agrícola, software y servicios informáticos,
madera y muebles, cuero y sus manufacturas, textiles e indumentaria,
gas vehicular, industrias de base cultural, biotecnología,
materiales, telecomunicaciones y naval. Son industrias estratégicas
en las que tenemos buenas perspectivas. El software es muy promisorio,
pero hay que sortear algunos obstáculos. El más importante
es la falta de profesionales capacitados, ya que la brecha entre
la cantidad de egresados de universidades e institutos terciarios
y la demanda del mercado se está agrandando.
Fortuna: ¿La tecnología reduce costos?
Ferraro: No sólo eso: también aumenta la calidad.
Techint, por ejemplo, se vio obligada a automatizar su planta de
caños sin costura porque sólo con el proceso automático
se pueden lograr los estándares de calidad que exigen los
mercados internacionales. No lo hizo para ahorrarse sueldos de operarios
o tener menos gente sindicalizada, lo hizo para poder competir.
No se puede competir sin innovar. Y la innovación es tanto
una nueva tecnología, como usos novedosos de una ya existente.
La innovación sólo se concreta cuando llega al mercado
un nuevo producto o servicio. Si nadie paga por él y no genera
servicios, puede ser invento o descubrimiento, pero no es innovación.
Fortuna: ¿Cómo puede la tecnología ayudar a
la competitividad del país?
Ferraro: En el mundo de hoy es difícil competir por precio.
Somos un país muy chico y vienen los chinos, que son millones
y hacen todo más barato; o cambian las reglas en un país
competidor, consiguen más subsidios y apoyos del Estado,
y la ventaja se terminó. Competir por precio es muy peligroso.
Tenemos que competir por calidad, diseño e innovación.
No queda otra que agregar valor. Las PyMEs son un buen ejemplo.
Sus exportaciones tienen mayor valor agregado que las de grandes
empresas. Es que no les queda otra. Una multinacional puede perder
dinero en un país, pero las empresas más chicas no
pueden darse ese lujo.
Fortuna: ¿Quién tiene que innovar, las empresas o
el Estado?
Ferraro: En general son las empresas las que protagonizan la innovación.
Pero el Estado no se desentiende. La inversión tecnológica
no puede quedar librada a las leyes del mercado. Eso no ocurre ni
siquiera en Estados Unidos, que son los reyes de la libreempresa.
El Estado debe ocuparse sobre todo de la investigación básica,
donde hay mayores riesgos de costos y de tiempos. Y a medida que
nos vamos acercando al producto, la investigación aplicada
la tiene que hacer la empresa.
Fortuna: ¿Por qué vale la pena invertir en tecnología?
Ferraro: Nicolás Negroponte, el director del Media Lab del
MIT, suele decir: "Una vez que la tecnología pasó
como una aplanadora, si uno no forma parte de la aplanadora, necesariamente
forma parte del camino por donde ella pasa".
|
 |
 |