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Año II N° 136 | Edición del 9 de enero de 2006  
 
Alberto Ferraro
"El país invierte menos en investigación que Monsanto"
El director del INTI habla del papel de la tecnología en el desarrollo económico argentino. Señala en qué campos se producirán las mayores innovaciones y en qué sectores debería enfocarse la Argentina para ser realmente competitiva.

Con un modelo agroexportador, a principios del siglo XX la Argentina era una de las potencias mundiales. Hoy, el país perdió ese lugar en una economía mundial en la que la agricultura representa sólo el 4% y las dos terceras partes son servicios, entendidos como tecnologías y conocimientos. "La generación de conocimientos diferencia hoy a los países, a sus modos de producción de bienes y servicios y a la calidad de vida de su gente. Tener o no tener conocimientos traza una línea que ubica, de un lado, a los países que los poseen y acceden mediante ellos al bienestar de sus habitantes y al ejercicio pleno de sus derechos. Y del otro, a los países que no logran o no pueden incorporar el conocimiento y se exponen al estancamiento económico y a un futuro sin esperanzas", dice el ingeniero Ricardo Ferraro, profesor del posgrado en Política Tecnológica del Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la UBA y miembro del directorio del INTI. En una charla con FORTUNA, el autor del libro de divulgación Para qué sirve la tecnología, de la colección "Claves para todos", dirigida por José Nun, repasa el rol de la innovación tecnológica en el crecimiento económico, sus obstáculos y desafíos.
Fortuna: Las mayores innovaciones y el mayor número de patentes vienen de países del norte. ¿La Argentina tiene que resignarse a implementar lo que otros inventan y pagarles los derechos?
Ferraro: Ningún país del mundo puede ser líder e innovador en todo. Todos los países son generadores de ciertas tecnologías y transformadores de otras. Hay que elegir tres o cuatro temas y en ellos el objetivo es ser primeros en el mundo. Así hacen países muy razonables como Francia, que eligió algunos sectores de la biotecnología para destacarse. Irlanda es otro buen ejemplo, con su liderazgo en la industria del software, e Israel con sus desarrollos en seguridad. Son los número uno en algunos temas y desde ahí se paran a negociar otros.
Fortuna: ¿Y en qué es líder la Argentina?
Ferraro: Tenemos desarrollos propios muy buenos en biología molecular y biotecnología. En el sector agropecuario somos líderes, sin duda. La siembra directa, a la que le debemos buena parte del boom sojero, es prueba de ello.
También tenemos condiciones climáticas y de suelo excepcionales, por ejemplo, para la producción de vinos como el Malbec o para los alimentos orgánicos. Lo importante es agregar valor. No es lo mismo vender lana sucia que lana procesada o pullóveres con diseño. El problema es que el grueso de las exportaciones argentinas son productos primarios o con poco valor agregado. Vendemos al mundo principalmente soja y petróleo, e importamos DVD´s y celulares. Pero también hacemos satélites, que requieren una tecnología de enorme precisión. Y los estamos exportando muy bien. Es el caso de INVAP, una sociedad entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA) y la provincia de Río Negro. Este es un ejemplo de una empresa estatal fuertemente competitiva.
Fortuna: ¿Puede la Argentina competir con países como China o India, cuyo número de profesionales graduados en ciencias duras y tecnología es ampliamente superior?
Ferraro: En primer lugar, la calidad y el valor de lo que se produce no está en función de la cantidad de habitantes. Finlandia, que tiene la misma población que la ciudad de Buenos Aires, es el número uno en celulares, con Nokia a la cabeza, y también en electrónica para maquinaria de procesamiento de maderas, que es su actividad tradicional. Esto demuestra que se pueden hacer productos de alta calidad y valor con poca gente. Pero esto exige contar con una buena educación para todos, y no para una élite; y un sistema de innovación orgánico que incluya al Estado, las empresas y las universidades. Eso es lo que tiene hoy Finlandia, que cuando cayó la cortina de hierro, se dio cuenta de que su principal cliente era la ex Unión Soviética. Entonces tuvo que reconvertir su economía, pero primero recurrió a sus escuelas y universidades.
Fortuna: ¿En qué campos se producirán las mayores innovaciones tecnológicas en un futuro cercano?
Ferraro: Los expertos coinciden en que la próxima ola de crecimiento tecnológico estará relacionada con la biotecnología, un campo que surgió una década después que las tecnologías de la información. Recordemos que la primera droga de origen biotecnológico se creó en 1982. Se puede suponer entonces que a fines de 2010 las biotecnologías empezarán a reducir los costos de los tratamientos médicos en lugar de aumentarlos. En ese caso tendremos un enorme efecto –comparable al surgimiento de Internet–, ya que la atención de salud representa una porción de la economía mucho más grande que la que tienen las tecnologías de información. Otra gran posibilidad se vislumbra en el campo de las energías alternativas o "limpias". El hidrógeno, los biocombustibles, la energía solar, eólica o los nuevos diseños de reactores atómicos darán un gran salto, sobre todo si sigue aumentando el precio del petróleo. Pero si hablamos de nuevas tecnologías, no tenemos que olvidarnos de la nanotecnología, que, con su capacidad de crear nuevos materiales armando estructuras átomo por átomo, transformará la atención médica, la industria y la informática.
Fortuna: ¿Y quiénes serán los líderes en estas nuevas tecnologías?
Ferraro: Hasta hace poco se pensaba en Japón. Pero hoy es imposible soslayar la creciente participación de India, con su liderazgo en software, diseño de chips y de drogas, y China en ingeniería mecánica y de computadoras que reconocen escritura y voz. Tampoco podemos olvidar a Taiwán y Corea, dos de los países que más patentes obtienen por año. Entre 4.000 y 5.000. Se está creando un nuevo mapa del conocimiento. Por ejemplo, en Estados Unidos la innovación se muda del Silicon Valley al sur de California, donde se combinan las tecnologías de la información con la biotecnología y la nanotecnología.
Fortuna: ¿Qué tiene que exportar la Argentina, tecnología o productos primarios? ¿Soja o software?
Ferraro: Es una dicotomía falsa. Porque la soja también tiene tecnología. Tecnología no es sinónimo de informática, sino que es mucho más que eso. Hoy el campo está totalmente tecnificado: la siembra directa es una muestra de ello y también la modificación genética que, comparada con los cruzamientos de semillas que se hacían antes, representa un salto fundamental. Estos avances producen mayor valor, aumentan la productividad y la competitividad. No discuto a los que piensan que la Argentina tiene que dedicarse a exportar granos. Pero eso no quiere decir dejar de poner valor agregado. Aún productos primarios como los cereales y el cuero tienen tecnología. Por ejemplo, estamos desarrollando cueros exóticos, de lagarto y de peces, que andan muy bien. Hay una PyME del calzado que desarrolló unos zapatos notables con cuero de pez. Este es un ejemplo de transferencia tecnológica.
Fortuna: La creencia clásica es que la tecnología desplaza a la mano de obra. ¿Cómo se hace para que la tecnología no provoque desocupación?
Ferraro: La tecnología puede crear trabajo. Le doy un ejemplo muy claro: en el INTI adaptamos un horno para hacer un secadero de pastas que permitió a una familia no sólo autoabastecerse sino armar un microemprendimiento y empezar a vender a los vecinos. Tenemos un programa junto con ONGs y a través del Ministerio de Desarrollo Social en el que capacitamos a la gente para el uso de las tecnologías para armar emprendimientos productivos.
Fortuna: ¿Cuánto invierte la Argentina en tecnología?
Ferraro: No tengo la cifra exacta. Pero hay una realidad y es que laboratorios de investigación de multinacionales como IBM o 3M sacan más patentes por año que muchos países. Monsanto, por caso, invierte más en investigación y desarrollo que la Argentina, y sólo en temas agropecuarios, varias veces más que el INTA.
Fortuna: ¿En qué sectores productivos o en qué tecnologías tiene el país mejores perspectivas a futuro?
Ferraro: Desde la Secretaría de Industria se habían definido en su momento diez sectores clave o foros de competitividad: maquinaria agrícola, software y servicios informáticos, madera y muebles, cuero y sus manufacturas, textiles e indumentaria, gas vehicular, industrias de base cultural, biotecnología, materiales, telecomunicaciones y naval. Son industrias estratégicas en las que tenemos buenas perspectivas. El software es muy promisorio, pero hay que sortear algunos obstáculos. El más importante es la falta de profesionales capacitados, ya que la brecha entre la cantidad de egresados de universidades e institutos terciarios y la demanda del mercado se está agrandando.
Fortuna: ¿La tecnología reduce costos?
Ferraro: No sólo eso: también aumenta la calidad. Techint, por ejemplo, se vio obligada a automatizar su planta de caños sin costura porque sólo con el proceso automático se pueden lograr los estándares de calidad que exigen los mercados internacionales. No lo hizo para ahorrarse sueldos de operarios o tener menos gente sindicalizada, lo hizo para poder competir. No se puede competir sin innovar. Y la innovación es tanto una nueva tecnología, como usos novedosos de una ya existente. La innovación sólo se concreta cuando llega al mercado un nuevo producto o servicio. Si nadie paga por él y no genera servicios, puede ser invento o descubrimiento, pero no es innovación.
Fortuna: ¿Cómo puede la tecnología ayudar a la competitividad del país?
Ferraro: En el mundo de hoy es difícil competir por precio. Somos un país muy chico y vienen los chinos, que son millones y hacen todo más barato; o cambian las reglas en un país competidor, consiguen más subsidios y apoyos del Estado, y la ventaja se terminó. Competir por precio es muy peligroso.
Tenemos que competir por calidad, diseño e innovación. No queda otra que agregar valor. Las PyMEs son un buen ejemplo. Sus exportaciones tienen mayor valor agregado que las de grandes empresas. Es que no les queda otra. Una multinacional puede perder dinero en un país, pero las empresas más chicas no pueden darse ese lujo.
Fortuna: ¿Quién tiene que innovar, las empresas o el Estado?
Ferraro: En general son las empresas las que protagonizan la innovación. Pero el Estado no se desentiende. La inversión tecnológica no puede quedar librada a las leyes del mercado. Eso no ocurre ni siquiera en Estados Unidos, que son los reyes de la libreempresa. El Estado debe ocuparse sobre todo de la investigación básica, donde hay mayores riesgos de costos y de tiempos. Y a medida que nos vamos acercando al producto, la investigación aplicada la tiene que hacer la empresa.
Fortuna: ¿Por qué vale la pena invertir en tecnología?
Ferraro: Nicolás Negroponte, el director del Media Lab del MIT, suele decir: "Una vez que la tecnología pasó como una aplanadora, si uno no forma parte de la aplanadora, necesariamente forma parte del camino por donde ella pasa".

 
Gabriela Ensinck
 
Publicación semanal de Editorial Perfil S.A
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