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GASTOS OCULTOS
COSTOS QUE SON PÉRDIDAS
Aplicar un protocolo para el seguimiento de indicadores clave permite conocer la marcha del negocio. Cómo advertir dónde se puede recortar sin afectar la productividad. Casos y herramientas a utilizar.
Una empresa PyME de bienes transables jamás hubiera
imaginado que realizar un detallado análisis de su logística
le iba a permitir reducir los costos de la utilización de
fletes en un 35%. Y esto es lo que sucedió después
de un pormenorizado seguimiento de los procesos implicados en el
despacho de mercadería. Los costos, ya sean ocultos o perfectamente
conocidos, son una de las variables a las que una empresa debe hacer
frente para volverse competitiva y mantener o aumentar sus márgenes
de rentabilidad. Muchas veces, el ojo del empresario está
más atento a la marcha de las ventas y paralelamente pierde
de vista otros factores que en el mediano plazo pueden acrecentar
un balance positivo.
Casos. Diversos consultores entrevistados por FORTUNA reseñaron
algunos ejemplos de recortes inteligentes. En una PyME familiar
la caja se ocupaba de atender indistintamente los gastos de la empresa
y los gastos personales de los dueños, sin distinguir unos
de otros. Se implementó un tablero de comando, separando
absolutamente la administración de la compañía
de la atención de las cuestiones particulares. El total de
gastos fijos se redujo en un 30%.
En otra empresa, a partir de analizar en profundidad los procesos
para la utilización de fletes, se determinó que en
el despacho y seguimiento de la mercadería había un
30% de horas hombre desperdiciadas. Además se protocolizaron
los envíos y se redujeron los gastos de telefonía.
En una compañía de primera línea el único
sector autorizado a realizar horas extras era el de facturación.
Pero al sistematizar el modo de trabajo las horas extras improductivas
se redujeron en un 83%.
Otro caso: en una PyME se observaron desvíos discrecionales
de las inversiones hacia necesidades más familiares y personales
que empresariales, como la adquisición de automóviles
de gran porte, hardware para uso domiciliario e inmuebles de recreación
que se incorporan al patrimonio de la empresa. Esas inversiones
generaban amortizaciones, innecesarios costos financieros y gastos
de mantenimiento adheridos injustamente a la marcha de la compañía.
La demanda es el motor que impulsa los negocios, pero a veces exige
cambios de precios o de calidad para no quedar rezagado por la competencia.
Ambos ítems llevan indefectiblemente a la reducción
de costos y se presenta entonces el momento de revisar al detalle
los procesos internos, tanto en la gestión como en la operatividad.
La utilización de la denominada Reingeniería de Procesos
de Negocios (RPN) –una herramienta ideada para introducir
cambios en los procesos clave de la empresa y sobre la cual se ha
teorizado mucho– puede servir de forma absolutamente eficaz.
"Hay muchas herramientas de gestión que vienen muy bien
si el negocio comienza, pero cuando está funcionando se hace
más complicado adaptarlas. La RPN está pensada para
la empresa en marcha. Es muy versátil", explica Pablo
Sosa, profesor de la Escuela de Dirección de Empresas (EDDE)
y director de la consultora MT.
Informal. Siempre se hace hincapié en que los empresarios
PyMEs argentinos son un una especie de rara avis, adaptable a los
vaivenes políticos y económicos más impredecibles.
Aunque esta premisa sea cierta, no implica en sí misma una
correcta administración de recursos ni una gestión
eficaz. La recesión primero y la crisis después –período
1998-2001– conllevó a que en muchas PyMEs los procesos
sean llevados adelante con un alto grado de informalidad.
"Se trabaja con horizontes de corto plazo y los sucesos coyunturales
suelen imponer conductas y actitudes reactivas. Esta actitud también
se hace presente en lo comunicacional: a pesar de que en una PyME
trabajan por lo general pocas personas, la información no
circula como debería. Si se trata de una sociedad familiar,
sus miembros pueden llegar a comunicarse en forma más bien
caótica, en los lugares y momentos menos pensados",
ejemplifica Alfredo Pérez Alfaro, consultor de empresas especializado
en control de gestión.
Lamentablemente, esta situación deriva, en la mayoría
de los casos, en un incremento de los costos. Los procesos de producción
o de comercialización suelen quedar signados por decisiones
unipersonales.
"Los propietarios y gerentes de las PyMEs son generalmente
intuitivos, que se formaron trabajando, y se les plantean serios
problemas de organización cuando comienzan a crecer porque
no ponen en funcionamiento mecanismos de delegación y control
en manos de personas capacitadas; basan su estructura en una relación
de confianza y no de idoneidad para el cargo", advierte Alfredo
Popritkin, investigador de fraudes y especialista en la recuperación
de empresas en crisis.
En una conocida PyME del Gran Buenos Aires, dirigida por dos hermanos
que eran la segunda generación del fundador, sólo
conocían con certeza la recaudación diaria y los saldos
de los bancos. Cuando el sector entró en crisis, con una
sensible y persistente disminución de las ventas, tuvieron
que solicitar al banco el uso de descubiertos, con sus enormes costos
de intereses. Una consultoría analizó los procesos
y dispuso separar la administración de la empresa de la atención
de las cuestiones particulares. A partir de ese momento surgió
que los gastos globales de los que se hacía cargo la empresa
estaban artificialmente inflados, y ya no se correspondían
con las reales posibilidades que ahora ofrecía el negocio.
El total de gastos fijos afrontados por la actividad se redujo en
un 30%, lo que permitió que a los dos meses dejaran de usar
el costoso margen de descubierto, cuya incidencia en esos momentos
ya alcanzaba casi al 1,5% de la facturación.
La informalidad no sólo afecta a las pequeñas compañías.
En grandes empresas suele suceder que ciertos procesos quedan librados
a decisiones inconsultas y que, por ejemplo, generan horas extras
improductivas.
Control. "La falencia más grande con la que nos encontramos
al momento de aplicar una RPN es que no hay indicadores de medición
porque no hay datos. Esa cultura no está", explica Sosa.
Llevar la evolución histórica de la empresa, con listados
de ventas, producción y facturación, entre otros tantos
indicadores, permiten saber a ciencia cierta dónde se está
parado.
En una importante empresa, el área de control de calidad
no contaba con un protocolo de proceso para unificar los parámetros
que determinaban la aprobación o no de un producto. Además,
no había un listado en el que constara la cantidad de desecho.
A partir de la aplicación de una RPN, primero se protocolizó
el control y luego se comenzó a llevar un listado del control
de calidad, lo que permitió saber si el proceso de producción
era el correcto y disminuir las pérdidas por fallas.
"Un control de gestión adecuado que permite conocer
a tiempo las fortalezas y debilidades del negocio. El manejo frecuente
de indicadores y el análisis de sus significados puede aportar
al gerenciamiento ingredientes inéditos de racionalidad",
indica Pérez Alfaro.
"La única manera que existe de saber cuánto gané
o perdí el mes pasado –coincide Popritkin– es
mediante un adecuado control económico y financiero del negocio.
Si no me entero de que en el último mes perdí dinero
no tengo ninguna posibilidad de reaccionar y evitar que la tendencia
continúe en el mes siguiente. De igual forma ocurre con la
utilización de los fondos: debo conocer el cash de que dispongo
y a qué lo voy a destinar, porque si lo aplico sin un adecuado
control es probable que tenga problemas de caja que llevarán
a no cumplir con los compromisos y a generar costos de financiación
innecesarios".
Al momento de analizar los costos es necesario distinguir entre
aquellos que son conocidos y los ocultos. Claro que puede suceder
que sobre un gasto registrado esté incidiendo otro hasta
ahora inadvertido, como horas extras improductivas, consumo desmedido
de energía, fraudes o bajas en los niveles de productividad,
entre otros.
"No se puede hacer nada si ni siquiera se está enterado
de que algo ocurre. Hay que buscar datos estadísticos, si
existen, o recurrir a expertos que realizan auditorías especiales
tendientes a determinar estos posibles costos ocultos", explica
Popritkin.
Hay sobrados ejemplos de costos ocultos que inciden en los resultados
finales de una empresa y, en general, se advierten cuando se analizan
otros indicadores. En una compañía que quería
mejorar el proceso de logística se aplicó una RPN.
Luego de un análisis pormenorizado, los consultores advirtieron
que el protocolo de despacho y seguimiento de mercadería
era caótico: se realizaban varios llamados para seguir la
marcha de los envíos, incluso a filiales de la propia empresa.
Ajustando y estandarizando el proceso se logró disminuir
en un 30 % la utilización de las horas hombre en el caso
del personal destinado a la tarea de logística. Como correlato
se disminuyeron ostensiblemente los gastos de telefonía.
Cultura. Al momento de replantear objetivos de un negocio en marcha,
puede pensarse en una PyME que quiere realizar una RPN a nivel de
toda la organización o bien en grandes empresas que tienen
focalizada un área sobre la cual trabajar. Por supuesto que
en ambos casos la tarea a realizar requiere de la misma atención
y de la aplicación de idéntico protocolo de revisión
y auditoría.
De la correcta aplicación de una RPN puede resultar que en
forma inmediata los costos de una empresa se eleven, por ejemplo,
en el caso de requerir un sistema contable o bien la capacitación
del personal para mejorar un proceso. En ese momento es necesario
que el empresario tenga una visión de negocios a mediano
plazo, en la que el objetivo fundamental es la propia sustentabilidad.
Cuando se atraviesa una coyuntura de la cual se sale adelante –como
la cercana crisis de 2001– es imprescindible profesionalizar
los procesos para mantener el negocio más allá de
un momento macroeconómico favorable.
Una de las siderúrgicas más importantes del país
debió aplicar un estricto programa para reducir los costos
de producción y mantener márgenes de rentabilidad
razonables cuando la situación del mercado era desfavorable.
Esto requirió un replanteo, que no tuvo como origen la informalidad
o la falta de planificación sino que estuvo directamente
relacionado con una gestión adecuada que analizó oportunamente
las finanzas, la producción y las ventas de la empresa.
Cada compañía tiene su idiosincrasia, cultura y sentido
de pertenencia que, como huellas dactilares, son factores únicos
e irrepetibles. "Lo más difícil de enfrentar
al momento de realizar una RPN es la parte cultural, no la aplicación
de la técnica en sí que no tiene nada de sofisticada",
asegura Sosa.
En épocas de globalización, joint-venture, adquisiciones
y fusiones, el cruce entre culturas empresarias ha dado buenos resultados
al conjugar valores disímiles pero perfectamente complementarios.
Cuando comienzan a revisarse procesos es necesario bucear en lo
profundo de cada área, más allá de la permeabilidad
o no de los empleados o ejecutivos. Muchas veces, cuando se encarga
un trabajo de auditoría y de control de gestión, el
personal siente recelo del auditor y supone que se buscan sólo
los errores. Es por eso esencial involucrar a todo el staff y darle
espacio para sugerencias o incluso toma de decisiones.
"Lleva mucho más tiempo tomar una decisión de
forma grupal pero es mucho más rica porque genera consenso,
tiene en cuenta la opinión de todos", señala
Sosa.
Otro factor que puede incrementar los costos ocultos y que no es
muy tenido en cuenta es la verticalidad en las decisiones, lo que
incide de forma negativa en los empleados. Situaciones de autoritarismo
derivan en desgano, ausentismo reiterado, merma en la productividad
y juicios laborales, entre otros conflictos. Los Recursos Humanos
deben ser atendidos como un área clave en la que el malestar
puede ser caldo de cultivo para males mayores.
"El éxito de una planificación –advierte
Popritkin– depende de que la herramienta sea utilizada para
tomar decisiones, que se trate de un ejercicio permanente, que todas
las áreas participen y que con el tiempo se perfeccione el
mecanismo, aprendiendo de los errores".
La reducción de costos no debe obedecer a una coyuntura.
La adversidad tiene que operar como un disparador para concentrar
los esfuerzos en la disminución de los gastos, pero mantener
esas erogaciones a raya es una tarea diaria.
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