Recursos Humanos
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Capacitación
Claves para descubrir a los mejores empleados
Los pasos que hay que tener en cuenta para que la inversión en perfeccionamiento del personal redunde en beneficios concretos para la empresa. Cómo percibe el staff este tipo de iniciativas y las formas en que puede aprovecharlas.
El tema de la capacitación del personal de la empresa
no es tratado ni admitido de la misma manera ni con el mismo entusiasmo
por todas las compañías. Grosso modo —y no necesariamente
se relaciona con las categorías PyME o grandes empresas—
hay tres actitudes tomadas respecto de este tema: las ya habituadas
a la capacitación constante —interna o externa—,
las que se están "atreviendo" a invitar facilitadores
para introducir nuevos temas y las que todavía se resisten.
En el primer caso, la capacitación genera inquietudes permanentemente
en la gente que es beneficiada por esta decisión y suelen
emerger talentos dentro de las corporaciones, los que incluso no
esperan que la empresa los capacite. Además, buscan invertir
en conocimiento afuera, pues han descubierto ya de qué manera
les facilitan esta decisión las distintas gestiones.
LAS QUE SE INICIAN. En segundo lugar, están
las que se inician. En estos casos suele percibirse un clima de
entusiasmo entre los asistentes a las reuniones y hasta se presta
atención a la selección de los afortunados que serán
afectados por tal beneficio porque, según el tema, no alcanzará
a todos los niveles o sectores de la organización. Por este
hecho, muchos lo han tomado como un modo de motivar a la gente aunque,
lógicamente, no debe ser el único. Y desde la perspectiva
del capacitador, en varios casos vivenciados "in-company"
todo el esfuerzo que supone la organización de un evento
exclusivo para las personas de la empresa no siempre se ve reflejado
en el ánimo de los que fueron invitados. En otras palabras,
parecen más entusiasmados los gerentes de RR.HH y directivos,
que contratan al disertante, que la gente para la que fue organizada
la actividad. Estas personas asisten preguntando con gesto apesadumbrado,
preguntan cuánto durará el encuentro, si pueden tener
o no sus celulares encendidos o si eventualmente podrían
retirarse en caso de ser necesitados por quienes trabajan con ellos
fuera de ese recinto (como un modo, quizás, de hallar una
rápida salida si la exposición no es del todo de su
agrado).
De más está decir que esto no es precisamente un incentivo
para quien ha ido a desarrollar su tema. Sin embargo, no es intencional.
Es sólo un aspecto más de la organización que
no se tiene muy en cuenta por darse por sentado que apreciarán
el cambio de agenda.
Por tal motivo, los pasos para que el resultado sea el esperado
y se trate realmente de una inversión son:
- Determinar necesidades latentes o manifiestas de trabajar algún
tema con un grupo de personas determinado en la compañía.
- Seleccionar al consultor o capacitador que pueda desarrollarlo
efectivamente y solicitar sugerencias.
- Conversar con el mismo acerca de esta idea para darle la posibilidad
de poder adaptarlo a las personas que recibirán su mensaje.
- Organizar el evento en sí.
- Efectuar una exhaustiva "promoción interna"
de lo que se realizará, sus consecuencias esperadas y,
si es posible, las razones que llevaron a tomar la decisión
(falencias detectadas, búsqueda de perfeccionamiento en
los distintos procesos, entre otros)
- Realizar una evaluación posterior en distintos momentos
(inmediata, un mes después, seis meses más tarde)
con el objeto de medir el efecto real y llevar una estadística
interna que puede en algunos casos incluir mediciones más
concretas en términos de productividad.
- No tomarlo como un hecho aislado. Es imprescindible que sea
acompañado después por toda la organización
(debe haber una apertura al cambio y cierta flexibilidad que permita
implementar las mejoras propuestas teóricamente)
Los tres últimos puntos (5, 6 y 7) no siempre se ponen en
práctica y son fundamentales para saber cuál es el
rumbo a seguir en este sentido, ya que la diferencia que se logra
es muy notoria entre las empresas que deciden capacitar con frecuencia
siguiendo estos pasos y las que no o que lo realizan con ciertas
desprolijidades.
LAS QUE SE RESISTEN. Se mencionó un tercer
grupo: los que aún se resisten. El mensaje es claro: estar
en condiciones de competir en el mercado hoy supone incluir, sin
excepciones, la capacitación como forma de despertar talentos,
desarrollar competencias, generar recursos intelectuales y emocionales
(resolución técnica de problemas y motivación),
la profesionalización de las diferentes funciones en el organigrama
y un sinnúmero de consecuencias más. Porque, en definitiva,
la capacitación es la transmisión de experiencias,
vivencias y conceptos que tienen como única finalidad la
de simplificar la tarea que muchos realizan a tientas. En otras
palabras, los entrenadores brindan los atajos que ya conocen para
conseguir lo mismo con menos esfuerzo, lo que conlleva una optimización
de tiempos y recursos y así obtener mejores resultados.
¿Por qué entonces hay resistencia? Porque no se conocen
los alcances de la capacitación, porque hay renuencia a los
cambios que muchas veces son sólo fantasías, porque
la tarea de capacitar, es además, una actitud que toma la
empresa y no es sólo la contratación del consultor.
Y, como la mayoría de las veces, si éste y la firma
no realizan una tarea conjunta y de equipo, en la que el aprendizaje
tiende a mantenerse siendo parte de la cultura corporativa, el efecto
no sólo tenderá a diluirse sino que también
puede tornarse contraproducente. Esto sucede cuando una o varias
personas comienzan a apreciar los nuevos conocimientos y detectan
que no los pueden insertar en la empresa a la que pertenecen.
En el mercado abundan profesionales que se dedican a esta tarea
y que ponen a disposición su vasta experiencia para desatar,
a veces en unas pocas horas, una explosión de soluciones
que permitirán avanzar sin obstáculos hacia al éxito. |