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Año II N° 142 | Edición del 20 de febrero de 2006  
 
JORGE ERNESTO WESKAMP
"QUEREMOS DEJAR DE SOMETERNOS AL VALOR DE LA SOJA EN CHICAGO"
El presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario reveló que está a punto de cerrar un acuerdo con Brasil para fijar un precio común de exportación de soja y que en marzo se lanza un índice Novillo de futuros que podría repercutir en el precio de la carne.

José Ignacio de Mendiguren golpea con su índice derecho sobre un ejemplar de FORTUNA de agosto de 2003 con su propia foto en la portada y exclama: "Todo lo que yo dije, pasó". Sobre su escritorio tiene además recortes periodísticos con noticias tan buenas para la economía que parecerían haber sido seleccionados por la Casa Rosada. De hecho, el viernes 10 conversó allí durante una hora y media con Néstor Kirchner. Presidente de la Federación Argentina de la Industria de la Indumentaria, vicepresidente 5° de la Unión Industrial Argentina (UIA) y uno de los impulsores de la devaluación de 2002, defiende el rumbo económico como el más pingüino de los pingüinos.
Dice que las cifras hablan por sí solas: "Desde el fin de la convertibilidad hasta ahora, el sector industrial creció un 50%. Todo ocurrió en un plazo que nadie soñaba y desafiando todas las recetas tradicionales. Hicimos todo lo que no nos recomendaban". Recuerda sus días como ministro de la Producción de Eduardo Duhalde y enfatiza una y otra vez que la recuperación empezó en febrero de ese año: "¿Se acuerda cuando yo elogié la exportación de conejos a Alemania y todos se me mataron de risa? Hoy, en ese sector trabajan 40 mil personas y sin la protección de otros sectores más fuertes que no emplean a tanta gente. Eso es desarrollo. Hasta 2001, la Argentina se endeudaba y traía choclos de Francia, pomelos de Israel y alimento para perros de Inglaterra. Habíamos perdido tanta competitividad que exportábamos a razón de u$s 300 la tonelada e importábamos a razón de u$s 1.600. La economía tenía un alto grado de primarización".
Fortuna: Esa tendencia a la "primarización" ayudó a la solidez fiscal actual, a través de las retenciones de la soja y el petróleo.
De Mendiguren: Sí, indudablemente que eso ayudó, pero hay que mirar la composición actual de las exportaciones. Cuando nosotros tomamos la crisis, sabíamos que el agro era el sector que iba a traer los dólares que nadie nos prestaba para estabilizar el país; la industria, en cambio, para exportar, necesita antes de la importación de insumos. Gracias a eso, en 2002 hubo u$s 17 mil millones de superávit comercial. El rebote de la economía argentina comenzó en febrero de 2002. Si la Argentina crece en el primer cuatrimestre de 2006, algo que es un hecho, va a ser la segunda vez en 50 años que haya un crecimiento tan sostenido. Y además, ninguna de las variables está peligrando. Con la salida de la crisis de 2002 rompimos un ciclo.
Fortuna: ¿Por qué?
De Mendiguren: Después de cada crisis, con inflación y huida de capitales, venía un plan de estabilización con fijación cambiaria. La alta tasa de interés traía, en el corto plazo, capitales y euforia financiera. Ahí aparecía el populismo liberal: todos se entusiasmaban con la estabilidad, las propiedades suben de precio y demás. Pero esto derivaba en atraso cambiario y a la caída de la rentabilidad, lo que generaba problemas fiscales y bancarios. Y ahí empezaba el ciclo nuevamente. En cada crisis, siempre aparece el que busca los atajos, el que quiere hacer magia. Hay que acordarse de que en 2002 nos proponían dolarizar la economía, la banca offshore, que vinieran expertos de la Reserva Federal a manejar la política monetaria. Llegaron a pedir la privatización de la recaudación, porque parece que los argentinos éramos tontos y no podíamos recaudar.
Fortuna: La variable que preocupa a todos es la inflación. ¿Cómo ven los industriales el tema?
De Mendiguren: En primer lugar, el país no está en un proceso inflacionario, como en los ’80. No hay ni economía indexada ni déficit fiscal. Estamos ante un problema de aumento de precios que entre otras razones se debe al fuerte crecimiento de la economía y a la demanda insatisfecha en muchos sectores. Lo importante es que el gobierno no se ató a las recetas tradicionales: enfriar la economía, subir la tasa de interés o retrasar el tipo de cambio.
Fortuna: En otras oportunidades, los acuerdos de precios no funcionaron.
De Mendiguren: No deben ser tomados como un fin en sí mismo. Son una herramienta para desinflar expectativas inflacionarias y permiten ganar tiempo para generar las condiciones para resolver el problema de fondo, que es lograr el aumento de la inversión y de la capacidad instalada. Hace falta llevar la inversión del 21% actual del PBI al 24 o 25%.
Fortuna: ¿Hay financiamiento suficiente?
De Mendiguren: Hasta ahora, todo se hizo con capital propio. Los préstamos del sector financiero al sector privado representan el 9% del PBI. No es nada. En México, por ejemplo, es más del 60%. El acceso al crédito es una asignatura pendiente. Podemos discutir cuál es el instrumento: si un banco de inversión para el desarrollo, un subsidio estatal de las tasas en los créditos de la banca privada u otro sistema.
Fortuna: Cuando presidía el Nación, Felisa Miceli se pronunció abiertamente en contra de crear un banco.
De Mendiguren: Porque en el pasado una herramienta haya funcionado mal, como es el caso del BANADE, no hay que descartarla para siempre. Las propuestas son muchas: una es canalizar el crédito a la inversión a través del BICE y el Banco Nación; otra es destinar un monto en el Presupuesto y que la evaluación del riesgo la haga la banca privada. La UIA está dispuesta a discutir todas las opciones. Lo que no tiene discusión es que en ningún país del mundo se financia la inversión con crédito a 30 días. El problema hay que resolverlo.
Fortuna: ¿Los bancos que no quieren prestar o las empresas no se animan a pedir?
De Mendiguren: Muchas PyMEs tuvieron malas experiencias y dejaron de ser sujetos de crédito. También los bancos perdieron especialización en el análisis de proyectos de inversión. En los ’90, se dedicaron a comprar bonos del Estado. La tendencia es dedicarse a lo más cómodo, que son los créditos otorgados a través de un formulario, como los hipotecarios. El problema es que así se financia sólo el consumo y no la inversión. Eso, en materia de inflación, es tirarle más nafta al incendio. En la crisis, a muchas empresas se les decretó la muerte civil: entraron al Veraz, se le cerraron las cuentas y quedaron fuera del sistema. Ahora hay que darles un acta de renacimiento.
Fortuna: ¿Qué se puede hacer con esas PyMEs que quedaron golpeadas después de la devaluación?
De Mendiguren: Primero le aclaro que lo que golpeó a las PyMEs no fue la devaluación, sino la década del ’90. Hay muchas medidas posibles. Tenemos un proyecto, que en su momento le acercamos a Lavagna, que contempla la consolidación de algunas deudas y atar los pagos al flujo de recursos que genera la actividad del deudor, en lugar de a una cuota fija.
Fortuna: ¿Qué pidió el empresariado al gobierno a cambio de dejar quietos sus precios?
De Mendiguren: Los grandes gestos por parte del gobierno ya fueron dados. Sostener un tipo de cambio competitivo contra toda la teoría ortodoxa, contra todos los lobbies que pedían otra cosa, ya es una señal para que la industria pueda desarrollarse. También fue una señal positiva cómo se negoció a nivel internacional. Los empresarios pedimos siempre lo mismo: certeza en la macroeconomía y decisión política para sostenerla. Si el gobierno nos llama y nos pide hacer este esfuerzo por el tema de la inflación, es nuestra responsabilidad participar.
Fortuna: ¿Cómo fue su reunión con Kirchner?
De Mendiguren: Muy cordial y distendida. Hablamos de los temas concretos de la industria, el Presidente se apasiona mucho en ellos. Está muy comprometido con el concepto de reindustrialización.
Fortuna: Se ve que Kirchner lo convenció.
De Mendiguren:Yo siempre dije que soy desarrollista y si un gobierno sigue esas políticas, entonces le doy mi apoyo. Vea, yo puedo ser oficialista, pero nunca me caractericé por ser oficialudo, de esos que de tan oficialistas terminan siendo, digamos, ingenuos (risas). Nadie puede dudar de que todo esto es lo que yo dije siempre y defendí siempre. Si estamos teniendo un récord de crecimiento en la industria, ¿qué tengo que decir? Estamos en un país que ideológicamente fue anti-industrial. Porque aquí la batalla ideológica a favor del desarrollo la perdimos. A Frondizi nadie lo comprendió y 30 años después recién lo estamos revalorizando. El mismo Presidente me dijo que admiraba mucho la primera etapa de su gobierno. En Brasil, que en 1958 tenía el mismo PBI que la Argentina, no hay ciudad que no tenga una calle llamada Juscelino Kubitschek. Frondizi no tiene ni una bocacalle.
Fortuna: ¿No hay demasiado alineamiento empresario detrás de un presidente que no siempre los trata bien?
De Mendiguren: Que pase algo como lo que pasó con Alfredo Coto, por supuesto que no nos gusta. Lo que pasa es que el Presidente tiene un estilo. Hay que reconocer que no le dio malos resultados. Fijese cómo renegoció la deuda: le pedían que sea más flexible porque nos íbamos a caer del mundo. Por suerte no los escuchó. Si tener un carácter fuerte trae estos beneficios, que el carácter no se le ablande. Seamos francos: nunca tuvimos un gobierno que defienda los intereses del país con tanta firmeza. Hemos tenido gente muy educada, con muy buenos modales, pero que entregaron todo.
Fortuna: ¿Los empresarios hicieron su autocrítica después de la crisis?
De Mendiguren: Yo la hice. Muchos empresarios argentinos cometimos errores graves, apoyamos políticas que definitivamente fueron contra nosotros. En muchos casos fuimos en contra del instinto de conservación. Yo no vivo con los ojos en la nuca, pero tengo espejo retrovisor. Para ir para adelante hay que mirar para atrás. Mire, cuando yo acepté ser ministro, yo era el presidente de la Unión Industrial Argentina. Era mucho más cómodo quedarse ahí. En esa primera etapa, no teníamos nada para ganar. Era imposible. Salir de una crisis de atraso cambiario está en el tomo I de cualquier libro de economía. Pero al mismo tiempo, decretamos el mayor default de la historia mundial y se quebraba el sistema financiero y el sistema contractual. En lo social no sólo hubo muertos en Plaza de Mayo, hubo 172 asambleas populares sólo en enero de 2002. Gobernábamos con la sensación de que si se caía ese gobierno, no quedaba nada. ¿A quién iba a nombrar la Asamblea Legislativa, a Juan Pablo II? A nivel internacional, el FMI nos dio por muertos, decidió soltarnos la mano y blindar a Brasil con u$s 30 mil millones. En esa situación agarramos. Y de ahí salimos. Algunos dicen que la forma en que lo hicimos fue desprolija. ¡Desprolijo es lo que recibimos!

 
Fernando Meaños
 
Publicación semanal de Editorial Perfil S.A
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