JORGE ERNESTO WESKAMP
"QUEREMOS DEJAR DE SOMETERNOS AL VALOR DE LA SOJA EN CHICAGO"
El presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario reveló que está a punto de cerrar un acuerdo con Brasil para fijar un precio común de exportación de soja y que en marzo se lanza un índice Novillo de futuros que podría repercutir en el precio de la carne.
José Ignacio de Mendiguren golpea con su índice
derecho sobre un ejemplar de FORTUNA de agosto de 2003 con su propia
foto en la portada y exclama: "Todo lo que yo dije, pasó".
Sobre su escritorio tiene además recortes periodísticos
con noticias tan buenas para la economía que parecerían
haber sido seleccionados por la Casa Rosada. De hecho, el viernes
10 conversó allí durante una hora y media con Néstor
Kirchner. Presidente de la Federación Argentina de la Industria
de la Indumentaria, vicepresidente 5° de la Unión Industrial
Argentina (UIA) y uno de los impulsores de la devaluación
de 2002, defiende el rumbo económico como el más pingüino
de los pingüinos.
Dice que las cifras hablan por sí solas: "Desde el fin
de la convertibilidad hasta ahora, el sector industrial creció
un 50%. Todo ocurrió en un plazo que nadie soñaba
y desafiando todas las recetas tradicionales. Hicimos todo lo que
no nos recomendaban". Recuerda sus días como ministro
de la Producción de Eduardo Duhalde y enfatiza una y otra
vez que la recuperación empezó en febrero de ese año:
"¿Se acuerda cuando yo elogié la exportación
de conejos a Alemania y todos se me mataron de risa? Hoy, en ese
sector trabajan 40 mil personas y sin la protección de otros
sectores más fuertes que no emplean a tanta gente. Eso es
desarrollo. Hasta 2001, la Argentina se endeudaba y traía
choclos de Francia, pomelos de Israel y alimento para perros de
Inglaterra. Habíamos perdido tanta competitividad que exportábamos
a razón de u$s 300 la tonelada e importábamos a razón
de u$s 1.600. La economía tenía un alto grado de primarización".
Fortuna: Esa tendencia a la "primarización" ayudó
a la solidez fiscal actual, a través de las retenciones de
la soja y el petróleo.
De Mendiguren: Sí, indudablemente que eso ayudó, pero
hay que mirar la composición actual de las exportaciones.
Cuando nosotros tomamos la crisis, sabíamos que el agro era
el sector que iba a traer los dólares que nadie nos prestaba
para estabilizar el país; la industria, en cambio, para exportar,
necesita antes de la importación de insumos. Gracias a eso,
en 2002 hubo u$s 17 mil millones de superávit comercial.
El rebote de la economía argentina comenzó en febrero
de 2002. Si la Argentina crece en el primer cuatrimestre de 2006,
algo que es un hecho, va a ser la segunda vez en 50 años
que haya un crecimiento tan sostenido. Y además, ninguna
de las variables está peligrando. Con la salida de la crisis
de 2002 rompimos un ciclo.
Fortuna: ¿Por qué?
De Mendiguren: Después de cada crisis, con inflación
y huida de capitales, venía un plan de estabilización
con fijación cambiaria. La alta tasa de interés traía,
en el corto plazo, capitales y euforia financiera. Ahí aparecía
el populismo liberal: todos se entusiasmaban con la estabilidad,
las propiedades suben de precio y demás. Pero esto derivaba
en atraso cambiario y a la caída de la rentabilidad, lo que
generaba problemas fiscales y bancarios. Y ahí empezaba el
ciclo nuevamente. En cada crisis, siempre aparece el que busca los
atajos, el que quiere hacer magia. Hay que acordarse de que en 2002
nos proponían dolarizar la economía, la banca offshore,
que vinieran expertos de la Reserva Federal a manejar la política
monetaria. Llegaron a pedir la privatización de la recaudación,
porque parece que los argentinos éramos tontos y no podíamos
recaudar.
Fortuna: La variable que preocupa a todos es la inflación.
¿Cómo ven los industriales el tema?
De Mendiguren: En primer lugar, el país no está en
un proceso inflacionario, como en los ’80. No hay ni economía
indexada ni déficit fiscal. Estamos ante un problema de aumento
de precios que entre otras razones se debe al fuerte crecimiento
de la economía y a la demanda insatisfecha en muchos sectores.
Lo importante es que el gobierno no se ató a las recetas
tradicionales: enfriar la economía, subir la tasa de interés
o retrasar el tipo de cambio.
Fortuna: En otras oportunidades, los acuerdos de precios no funcionaron.
De Mendiguren: No deben ser tomados como un fin en sí mismo.
Son una herramienta para desinflar expectativas inflacionarias y
permiten ganar tiempo para generar las condiciones para resolver
el problema de fondo, que es lograr el aumento de la inversión
y de la capacidad instalada. Hace falta llevar la inversión
del 21% actual del PBI al 24 o 25%.
Fortuna: ¿Hay financiamiento suficiente?
De Mendiguren: Hasta ahora, todo se hizo con capital propio. Los
préstamos del sector financiero al sector privado representan
el 9% del PBI. No es nada. En México, por ejemplo, es más
del 60%. El acceso al crédito es una asignatura pendiente.
Podemos discutir cuál es el instrumento: si un banco de inversión
para el desarrollo, un subsidio estatal de las tasas en los créditos
de la banca privada u otro sistema.
Fortuna: Cuando presidía el Nación, Felisa Miceli
se pronunció abiertamente en contra de crear un banco.
De Mendiguren: Porque en el pasado una herramienta haya funcionado
mal, como es el caso del BANADE, no hay que descartarla para siempre.
Las propuestas son muchas: una es canalizar el crédito a
la inversión a través del BICE y el Banco Nación;
otra es destinar un monto en el Presupuesto y que la evaluación
del riesgo la haga la banca privada. La UIA está dispuesta
a discutir todas las opciones. Lo que no tiene discusión
es que en ningún país del mundo se financia la inversión
con crédito a 30 días. El problema hay que resolverlo.
Fortuna: ¿Los bancos que no quieren prestar o las empresas
no se animan a pedir?
De Mendiguren: Muchas PyMEs tuvieron malas experiencias y dejaron
de ser sujetos de crédito. También los bancos perdieron
especialización en el análisis de proyectos de inversión.
En los ’90, se dedicaron a comprar bonos del Estado. La tendencia
es dedicarse a lo más cómodo, que son los créditos
otorgados a través de un formulario, como los hipotecarios.
El problema es que así se financia sólo el consumo
y no la inversión. Eso, en materia de inflación, es
tirarle más nafta al incendio. En la crisis, a muchas empresas
se les decretó la muerte civil: entraron al Veraz, se le
cerraron las cuentas y quedaron fuera del sistema. Ahora hay que
darles un acta de renacimiento.
Fortuna: ¿Qué se puede hacer con esas PyMEs que quedaron
golpeadas después de la devaluación?
De Mendiguren: Primero le aclaro que lo que golpeó a las
PyMEs no fue la devaluación, sino la década del ’90.
Hay muchas medidas posibles. Tenemos un proyecto, que en su momento
le acercamos a Lavagna, que contempla la consolidación de
algunas deudas y atar los pagos al flujo de recursos que genera
la actividad del deudor, en lugar de a una cuota fija.
Fortuna: ¿Qué pidió el empresariado al gobierno
a cambio de dejar quietos sus precios?
De Mendiguren: Los grandes gestos por parte del gobierno ya fueron
dados. Sostener un tipo de cambio competitivo contra toda la teoría
ortodoxa, contra todos los lobbies que pedían otra cosa,
ya es una señal para que la industria pueda desarrollarse.
También fue una señal positiva cómo se negoció
a nivel internacional. Los empresarios pedimos siempre lo mismo:
certeza en la macroeconomía y decisión política
para sostenerla. Si el gobierno nos llama y nos pide hacer este
esfuerzo por el tema de la inflación, es nuestra responsabilidad
participar.
Fortuna: ¿Cómo fue su reunión con Kirchner?
De Mendiguren: Muy cordial y distendida. Hablamos de los temas concretos
de la industria, el Presidente se apasiona mucho en ellos. Está
muy comprometido con el concepto de reindustrialización.
Fortuna: Se ve que Kirchner lo convenció.
De Mendiguren:Yo siempre dije que soy desarrollista y si un gobierno
sigue esas políticas, entonces le doy mi apoyo. Vea, yo puedo
ser oficialista, pero nunca me caractericé por ser oficialudo,
de esos que de tan oficialistas terminan siendo, digamos, ingenuos
(risas). Nadie puede dudar de que todo esto es lo que yo dije siempre
y defendí siempre. Si estamos teniendo un récord de
crecimiento en la industria, ¿qué tengo que decir?
Estamos en un país que ideológicamente fue anti-industrial.
Porque aquí la batalla ideológica a favor del desarrollo
la perdimos. A Frondizi nadie lo comprendió y 30 años
después recién lo estamos revalorizando. El mismo
Presidente me dijo que admiraba mucho la primera etapa de su gobierno.
En Brasil, que en 1958 tenía el mismo PBI que la Argentina,
no hay ciudad que no tenga una calle llamada Juscelino Kubitschek.
Frondizi no tiene ni una bocacalle.
Fortuna: ¿No hay demasiado alineamiento empresario detrás
de un presidente que no siempre los trata bien?
De Mendiguren: Que pase algo como lo que pasó con Alfredo
Coto, por supuesto que no nos gusta. Lo que pasa es que el Presidente
tiene un estilo. Hay que reconocer que no le dio malos resultados.
Fijese cómo renegoció la deuda: le pedían que
sea más flexible porque nos íbamos a caer del mundo.
Por suerte no los escuchó. Si tener un carácter fuerte
trae estos beneficios, que el carácter no se le ablande.
Seamos francos: nunca tuvimos un gobierno que defienda los intereses
del país con tanta firmeza. Hemos tenido gente muy educada,
con muy buenos modales, pero que entregaron todo.
Fortuna: ¿Los empresarios hicieron su autocrítica
después de la crisis?
De Mendiguren: Yo la hice. Muchos empresarios argentinos cometimos
errores graves, apoyamos políticas que definitivamente fueron
contra nosotros. En muchos casos fuimos en contra del instinto de
conservación. Yo no vivo con los ojos en la nuca, pero tengo
espejo retrovisor. Para ir para adelante hay que mirar para atrás.
Mire, cuando yo acepté ser ministro, yo era el presidente
de la Unión Industrial Argentina. Era mucho más cómodo
quedarse ahí. En esa primera etapa, no teníamos nada
para ganar. Era imposible. Salir de una crisis de atraso cambiario
está en el tomo I de cualquier libro de economía.
Pero al mismo tiempo, decretamos el mayor default de la historia
mundial y se quebraba el sistema financiero y el sistema contractual.
En lo social no sólo hubo muertos en Plaza de Mayo, hubo
172 asambleas populares sólo en enero de 2002. Gobernábamos
con la sensación de que si se caía ese gobierno, no
quedaba nada. ¿A quién iba a nombrar la Asamblea Legislativa,
a Juan Pablo II? A nivel internacional, el FMI nos dio por muertos,
decidió soltarnos la mano y blindar a Brasil con u$s 30 mil
millones. En esa situación agarramos. Y de ahí salimos.
Algunos dicen que la forma en que lo hicimos fue desprolija. ¡Desprolijo
es lo que recibimos!
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