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Año II N° 258 | Edición del 12 de mayo de 2008  
 
Economía | Mercados alterados
La economía de las expectativas en crisis
Las principales variables económicas se mantienen sólidas pero el pesimismo por la crisis del campo se expande: sube el dólar, caen los bonos y acciones, se dolarizan los depósitos y salen los capitales. Los u$s 2.000 millones que el Banco Central ya lleva invertidos para revertir la situación.

Desde que el Gobierno decidió implementar las retenciones móviles a las exportaciones de granos, el 11 de marzo, la economía del país hizo un giro. Y eso que solamente pasaron apenas 60 días, un período corto pero suficiente para que muchas variables que parecían estables se alteraran.
La memoria de los argentinos –que ya se habían acostumbrado a convivir nuevamente con la inflación- comenzó a reactivarse a medida que los productos básicos comenzaron a desaparecer de las góndolas de los supermercados y, sin solución a la vista de un conflicto que escaló pese a la tregua de un mes pactadas con los dirigentes del campo, la city porteña parece vivir un tímido revival de épocas mucho más duras. El problema aún no es tan grande pero la expectativa es que todo sólo puede empeorar.
No se trata de una sensación, es la realidad que se vive en los bancos y las casas de cambio, donde crece la demanda de dólares al ritmo que se frena el aumento de depósitos y los ahorristas comienzan a salir del peso. También en la Bolsa se verifica el nuevo contexto, con los títulos públicos cotizando en sus valores mínimos históricos y las acciones del Merval con un fuerte retraso. Los fundamentals de la economía actuales no se condicen con ese panorama, su solidez ameritaría una performance por lejos mucho más positiva. Pero todo cambió y parece que pocos esperan que algo pueda mejorar.
La orden baja clara desde las casas centrales de los bancos de inversión del exterior: "vender Argentina", orden que en el mercado financiero no significa otra cosa que desprenderse de bonos y acciones locales. ¿La razón? El riesgo es cada vez más alto como para apostar unos magros y devaluados pesos.
ATENCióN AHORRISTAS. Para los ahorristas minoristas, el consejo es el mismo. Consultores financieros y agentes de bolsa recomiendan casi sin excepción a sus clientes vender acciones y bonos en pesos y comprar dólares para… guardarlos. "Mantener la liquidez en moneda extranjera" es la recomendación que se puede leer en un informe para clientes que divulgó una de las principales entidades bancarias internacionales, con presencia en la Argentina. Los clientes parecen decididos a cumplir la consigna, particularmente aquellos que prestaron oídos a los rumores –fuertemente desacreditados desde el Banco Central- de una devaluación para llevar el dólar hasta los $ 4.
Desde aquel 11 de marzo, el Banco Central interviene incesantemente en la plaza. Si bien desde la entidad que conduce Martín Redrado se preocupan por mostrarse sólidos y tranquilos ante cada sacudón del mercado, las estimaciones de economistas privados indica que ya lleva invertidos más de u$s 2.000 millones para contener a la divisa norteamericana. Igualmente, la cifra podría ser aún mayor si se tiene en cuenta que solamente el viernes de la renuncia de Martín Lousteau debió vender u$s 300 millones para endentecer la espiral alcista.
Bajo estricto off the record, como suelen hacerlo siempre en estas circunstancias, una alta fuente de un banco de capitales extranjeros confirma la repetición de un comportamiento previsible: los ahorristas que registran vencimientos de sus plazos fijos en pesos no los renuevan, sino que compran dólares y los llevan a cajas de seguridad. Unos pocos -los más osados- optan por algún fondo común de inversión con rescate en 72 horas.
Pero no todo pasa por la avidez por el dólar: la salida de capitales se potenció con el correr de las horas ante la ausencia de acuerdo entre el Gobierno y el campo y por las desoídas exigencias respecto de la necesidad de un saneamiento del INDEC para que comience a reflejar una inflación real y no una oficial.
Así, el deterioro de las condiciones financieras argentinas comenzó a ser más palpable: el riesgo país refleja la caída de los títulos públicos (ver gráfico) –otra muestra de la ola vendedora– y vuelve a preocupar en los despachos oficiales. Justamente el indicador que elabora el banco privado JP Morgan –que había iniciado el año en 410 puntos y que marca el diferencial de tasas entre títulos locales y estadounidenses- marcó un máximo el 25 de abril, al trepar hasta los 589 puntos. El año pasado a esta misma altura apenas alcanzaba los 230 puntos.
Pero no es eso lo que más preocupa en las oficinas gubernamentales donde aún se conserva la esperanza de preservar el crecimiento económico. Lo que realmente desvela a las autoridades económicas es el flujo de salida de dólares. Esa salida se aceleró en los últimos días y tuvo su momento de apogeo el miércoles pasado, según se desprende del ensanchamiento de la brecha entre el dólar "contado con liqui" y el mayorista, que el miércoles 7 tocó un nuevo máximo histórico.
La última vez que había ocurrido algo similar había sido en agosto de 2007, en el peor momento de la crisis de hipotecas de los Estados Unidos y ante un escenario de estanflación que sacudía a la principal economía del mundo. En definitiva, en ese entonces la fuga fue consecuencia de una crisis externa, mientras que ahora se debe a factores netamente internos.
¿Cómo se puede medir esa salida de divisas hacia el exterior? A través de lo que habitualmente se conoce como contado con liqui, que son operaciones de bonos a través de las cuales una empresa o individuo se hace de dólares en Nueva York fuera de los controles de cambio locales.
El comportamiento de ese dólar depende de la necesidad de sacar dinero invertido localmente. Tal como graficó un experimentado operador, "cuando hasta mediados de 2006 entraban más dólares de los que salían, el dinero entraba al país a través del contado con liqui, pues no existía el encaje u otra norma. En ese momento, el precio se ubicaba por debajo del valor del dólar oficial, por el simple efecto de la oferta y demanda".
Ahora, con un clima tenso es exactamente al revés: la gente utiliza el sistema para sacar su dinero, por eso está más caro que el oficial y de ahí la brecha con el mayorista: está indicando que hay capitales que se van.
Hay un condimento extra que agrega incertidumbre y que ya encendió una luz amarilla: el papel que jugarán los exportadores de oleaginosas, respecto de si liquidarán divisas (son los que más dólares aportan al mercado) o si por el contrario retraerán, lo cual provocaría una ausencia de billetes. En lo que va del año los exportadores agrícolas ya aportaron cerca de u$s 7.000 millones a la plaza doméstica.
De acuerdo a cálculos privados, sólo en la semana del lunes 21 al viernes 25 de abril verificó un incremento de la demanda de dólares por unos u$s 1.100 millones, si se tiene en cuenta la liquidación de exportadores y las intervenciones del Banco Central. Lejos de desacelerarse la tendencia se habría pronunciado en las últimas dos semanas.
ALERTA. Entre los papers que circularon en los escritorios de las principales empresas del país, hubo uno que llamó la atención: confirmaba que desde el inicio del conflicto con el campo, el Gobierno comprometió posiciones de ventas futuras por unos u$s 900 millones. Una clara señal de la necesidad de hacer frente a la nueva tendencia a la compra.
Contrariamente a lo que se pudiera pensar, esta vez el mercado de futuros no puede brindar un adelanto sobre lo que vendrá, principalmente porque las intervenciones del Banco Central en gran medida se realizan en ese mercado, para aquietar las expectativas.
Así, el jueves 8 en el Rofex se comercializaba el dólar a mayo de 2009 a $ 3,36, mientras que para diciembre se transaba a $ 3,285. "Esos precios están muy influenciados por las ventas continuas del Central. Es una plaza muy regulada y está definida más por la actividad de la autoridad monetaria que por lo que realmente tiene que valer la divisa", sostuvo Gustavo Quintana, del grupo López León.
La tensión está puesta sobre todo en el corto plazo. Es que los rumores que en los últimos días sobrevolaron en el mercado hicieron reaccionar inmediatamente a los inversores y a los analistas. Todos –casi sin excepción- recomiendan posicionarse en dólares, a pesar de que cada vez vale menos frente a monedas como el euro.
Pero en la Argentina cada vez que sus ciudadanos comienzan a sentir la presión de la inflación y los ministros de Economía se esfuman, la divisa americana comienza a ser lo más requerido. Detrás de esa demanda se esconde una movida más peligrosa: la salida de capitales, un reflejo de la poca confianza que se ha sabido ganar el país.
Otra muestra de esa desconfianza está en el derrumbe que vienen registrando los títulos públicos desde que el secretario de Comercio Guillermo Moreno decidió intervenir el INDEC con el visto bueno del entonces presidente Néstor Kirchner y ahora de su esposa y actual Presidenta. Es que, además de quitar transparencia, la manipulación estadística hizo que los bonos no sean interesantes para nadie, ni siquiera con rendimientos astronómicos.
Quienes vieron que esa decisión, profundizada con el anuncio de nueva metodología de medición del IPC, era el certificado de defunción del mercado de renta fija, fueron los precursores de dolarizar carteras y de mantener la liquidez hasta que se aclare el panorama.

Federico López

 
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